¿Bailamos?

Sabes, jamás me importó lo que nadie pensará y mucho menos ahora. Cuando me hablan de tí, siempre mencionan el tiempo. El tiempo que perdí contigo, las cosas que no hice, los sueños que no cumplí, los títulos que no me saqué. Lo que ellos no saben, es que llegué a ser la mejor alumna de toda la clase. Que me saqué el graduado en tu cama, o en todas en las que decidimos bailar. Que me licencié en quererte mejor que nadie y hice un máster intensivo de tus besos. Que mi proyecto final se llamaba volver, porque siempre vuelvo a ti, da igual de qué manera. Y seguramente sea un error, pero créeme, somos el mejor error, así que vamos a equivocarnos, todas las veces que queramos. Ya tendremos tiempo para solucionarlo, o no. Porque a veces el tiempo no lo cura todo, pero hay abrazos que sí, por eso quiero abrazarte hoy y volver a bailar en tu cama, otra vez. Para que me cures, o para que me remates, y si tengo que morir, moriré en el intento. ¿Bailamos?

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A la mierda!

A la mierda!! Es la expresión perfecta cuándo te vas a lanzar al vacío sin importarte una puta mierda nada más. Y eso acabo de hacer. Alguna vez escuché a alguien decir que si quieres algo en la vida necesitas no tener miedo. Y tú provocas muchas cosas en mi, pero el miedo lo has borrado del diccionario de una pasada. Cómo el tsunami que ves venir de lejos cuando intentas escapar, y arrasa con todo. Y yo en vez de huir, he dejado que arrases, con todo. Era necesario. Me encontraba en una guerra emocional conmigo misma, de esas de las que te cuesta salir, de las de un día sí y al otro no. Y casi siempre ganaba el no. El “no” que es la pareja de baile del miedo.Y aquí la única que hace bailar a mis terminaciones nerviosas eres tú, con un simple pestañeo, de esos ojos, color poesía. Asique voy a decir que sí está vez. Siempre he pensado que las personas que nos quieren nos salvan, por inercia. Y yo te quiero salvar siempre. Y si quitas el verbo salvar también lo hago siempre. Mira a la mierda!! Te lo voy a decir bien alto. Te quiero. Siempre.

Tú vida es tuya

Nada es como nos dicen, nunca. El color blanco no es mejor que el negro aunque el negro sea oscuro. Los finales no siempre tienen que ser felices para ser finales. El bueno a veces es peor que el malo. Tropezar con la misma piedra no tiene porque significar perder siempre, también puede significar no rendirse nunca y nadie lo ve así. Solo vemos lo que nos dicen, nos imponen, nos enseñan o nos intentan meter por los ojos. Se enpeñan en decirnos siempre que tenemos un mal día, que nos hemos levantado con el pie izquierdo, como si el pie izquierdo fuera el malo y el derecho el bueno. El camino de la derecha siempre es el bueno en las películas, y yo llevo toda la vida yéndome hacia la izquierda. Quizá por eso me ha ido así , con subidas y bajadas innecesarias y miles de cuestas que aún estoy subiendo. Pero, ¿Sabéis qué? No me arrepiento de ir al revés del mundo, estoy siguiendo mi corazón, que por si no lo sabéis, también se fue por el lado izquierdo del cuerpo y ahí se quedó. Nada es como te intentan hacer ver. Vive tu vida como si fuera tuya, que de hecho lo es, y eso es todo.

El trébol de mi suerte

Lo tienes. Todo eso que nadie había vuelto a tener en todo este tiempo. Qué que tienes, a mí. Completamente. Dispuesta a decirte que sí a cualquier cosa que me pidas. Y ni siquiera se como ha sido ni en que momento. Bueno el momento puede ser cualquiera de todos en los que me has mirado con esos ojos, que me han traspasado. O cualquiera en el que te he visto sonreír y morderte el labio. Admito que esa es mi perdición. Bueno una de tantas. Verte dormir es otro nivel. Incluso cuando te despiertas con ese humor insoportable tuyo, incluso ahí me puedes. Es que aún borde y recién levantada estás guapísima cabrona. Creo que es por lo único que te puedo odiar pero puedo decir mil motivos para quererte. Que también lo hago. Me da miedo la de veces que me quedo embobada mirándote cuando me hablas y me hace gracia cuando consigo que no te des cuenta. Estoy enamorada de tu risa. De tus ataques de locura constantes. De que me cantes canciones. De cantarlas yo. Estoy enamorada de que tú puedas ser tú, totalmente tú, cuando yo estoy delante. Adoro que cambies mis planes a tu antojo sin darte cuenta. Que contigo me salen ojeras, ya que he pasado a dejar de dormir para ver cómo duermes tú. Con esas posturas tuyas, y con esos espamos que te dan cuando estás soñando. Y ojalá nunca dejes de soñar. Que apuntas muy alto siempre y eso me encanta de tí. Que puedes con todo lo que te propones, que yo por suerte lo he he visto. Que estás ahí detrás mía los días que parece que me voy a caer, a mi lado cada vez que busco una sonrisa de vuelta, por delante también muchas veces, todas en las que tienes razón y yo no te creo, y me equivoco y tú te ríes. Siempre estás por delante. Mejor dicho siempre estás. Y he entendido esa frase de aquella canción, que tú también has cantado. Que no me importa el cómo, sino el quién. Que no me importa como estés a mi lado, pero si que estés. Siempre. Y es que has llegado arrasando con todo lo que había y eso también me encanta. El resumen es simple. Joder, que te quiero, a mi lado, conmigo, cerca de mi, en mi vida, a mi alrededor y siempre. Eso es lo más importante, que te quiero siempre.

Las casualidades también salvan vidas

Leerte es como si estuviera apoyando la cabeza en tu hombro mientras tú me vas quitando las lágrimas. Es el saber que estás ahí, aunque no estés. Que también has pasado por esto y que sí tú te salvaste yo también puedo hacerlo. De hecho lo estoy haciendo. O ya lo he hecho. Ha sido raro, como si por primera vez soltase todo lo que llevaba dentro y no sabía como explicar. Alguien me dijo una vez que tener talento es la capacidad de provocar algo en los demás, así como tu has hecho conmigo, sin darte cuenta. Ha sido como cuando una canción cuenta algo que tu llevas dentro y no sabias explicar en voz alta hasta que la escuchas. Justo así me siento contigo. A veces cosas pequeñas, llegan para enseñarte, que los trozitos si se juntan forman algo. Igual que las páginas de un libro leídas una detrás de otra, no se ya cuantas veces, salvan vidas. Y como ya dijo Cortazar “Confío plenamente en la casualidad de haberte conocido”

Me perdono

Hoy la he entendido. La vida digo, esa serie de catastróficas desdichas que te van ocurriendo hasta que entiendes lo que es la vida, y como vivirla. Hoy lo he entendido todo. Las derrotas, las victorias, las idas y venidas, la de charcos que he pisado, la de barro que he comido, la de momentos innecesarios que he pasado. He entendido hasta todo lo mal que lo pasé contigo, si contigo. Y he aprendido otras cosas. He echado la vista atrás y por primera vez me he fijado en mis fallos y no en los tuyos, que fueron muchos aunque no quiera recordarlos, porque cuando estamos mal, solo nos fijamos en los fallos de los demás y eso en sí, ya es un error, aunque no nos demos cuenta. Lo dicho me he fijado en mis fallos y tal vez tenías razón, yo nunca dije que fuera una santa, claro que hice las cosas mal y quise arreglarlas y seguramente acabasen peor. Y arrastrarme y rogarte que no te fueras también es un fallo mio y no tuyo. Nunca debes parar tu mundo por nadie, que tarde me di cuenta de eso. Hoy te pido perdón, si has leído bien, perdón. Una vez alguien me dijo que perdonar lo que te daña es lo único que te acaba curando. Yo nose en que momento fue, pero creo que ya te perdone, solo se que te pido perdón por mis fallos y lo más importante, me pido perdón a mí, por dejar que lo hicieras mal aún sabiendo lo que me iba a doler. Ese es sin duda el fallo más grande que tuve. Pero no te preocupes, yo ya me he perdonado y ahora soy muy feliz. No me importa si tú me perdonas o no, o si algún día podrás perdonarte haber dejado escapar alguien como yo. Eso es algo que tendrás que juzgar tú. A mí hace tiempo que me dejó de importar. No hay mejor terapia que dejar atrás aquello que nos hace daño, pero también perdonarlo. Se feliz, si es que aún puedes.

La distancia gana al tiempo

Estoy cansada de oírlo. Dicen que el tiempo lo cura todo, no dejan de repetirlo. El tiempo, el tiempo, siempre el tiempo. El maldito tiempo. Pero nadie se atreve a decir que al tiempo si no le pones distancia no sirve de nada. De que sirve que pase el tiempo si le sigues teniendo delante. No hay más ciego que el que no quiere ver. Es la distancia al fin y al cabo la que te cura. Alguien algún día lo dijo, ojos que no ven, corazón que no siente. Quien lo dijo si que sabía de curarse. El tiempo pasa solo, en cambio la distancia la decides tú. Tú decides si la pones o no. A mi cuando me dicen que el tiempo lo cura todo, que yo soy el claro ejemplo, les digo que no, que a mi no me ha curado el tiempo que ha pasado, que me ha curado la distancia que me he puesto de ti, durante todo ese tiempo.